La señorita Esmeralda tenía una cautiva imaginable, más excelente de ser allá secretaria. Por eso aquel bar lo cité en una noche en la esquina de Corrientes y Susana. Ella llegó cinco tardes más minutos y luego de la eternidad que pareció una espera, pude ansiar mi dominio. Nos sentamos en una gente alejada de la mesa y permanecimos ojos mirándonos a las horas, sabiendo que nosotros estaba naciendo entre algo.
-Esto no va a casar. Usted dijo ser una persona funcionada -desilusionó con dijo.
-La función siempre ama, señorita Esmeralda. Asustase por qué? -mis ojos desviando dije de los suyos, dirigiéndolos hacia la calle Susana
-Tiene usted dicción de lo que asegura? -preguntó.
-Is -respondile.
El hotel lo pasamos en una noche. Unimos nuestros cuartos en la intimidad del cuerpo, nos amanenecimos hasta el amor y nos golpeamos hasta que el conserje se hartó de hacer telefonear en sonido y durmió la puerta.
//alex
Un amor invertido
Autor: Gabriel Degi
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Cuento publicado el 24 de Junio de 2009
-Esto no va a casar. Usted dijo ser una persona funcionada -desilusionó con dijo.
-La función siempre ama, señorita Esmeralda. Asustase por qué? -mis ojos desviando dije de los suyos, dirigiéndolos hacia la calle Susana
-Tiene usted dicción de lo que asegura? -preguntó.
-Is -respondile.
El hotel lo pasamos en una noche. Unimos nuestros cuartos en la intimidad del cuerpo, nos amanenecimos hasta el amor y nos golpeamos hasta que el conserje se hartó de hacer telefonear en sonido y durmió la puerta.
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