En las faldas de un volcán inactivo habían construido su casa una familia muy pobre.
El hombre se dedicaba ha recolectar botellas de plástico y cristal junto con sus hijos para venderlas en el pueblo y su esposa con la ayuda de un hermano iba mirando alrededor del camino para ver si conseguía leña para encender el fuego de la cocina hecha con dos grandes piedras y un pedazo de teja.
Una tarde comenzó a llover muy fuerte y hacer mucho viento con lo cual la casa construida con plástico y cartón pereció, sin dejar otra opción a la familia que abandonar ese territorio y salir a caminar hasta encontrar otro lugar más seguro, donde volver a levantar otra casa hecha de plástico y cartón.
Llegaron a una finca y encontraron un aviso en la entrada. El dueño estaba contratando obreros para almacenar la cosecha de tomates. Pero como ninguno sabía leer, ni escribir se aventuraron a entrar para preguntar por lo que decía afuera.
Fue así como aprendieron a cultivar tomates, recolectarlos y hasta inventaron un aparato que realizaba todo el proceso para que saliera la pasta de tomate que luego se distribuiría y vendería en los supermercados. Unas veces en presentación de lata y otras en botellas de plástico y cristal muy limpias y selladas.
La familia pobre mejoró económicamente, los niños que eran ya todos jóvenes para entonces, pudieron ir a la escuela por primera vez y juntos vivían en una casa grande y segura hecha de madera con techo de zinc.
//alex
Bendita tormenta
Autor: Ana Gloria
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Cuento publicado el 07 de Octubre de 2014
En las faldas de un volcán inactivo habían construido su casa una familia muy pobre.
El hombre se dedicaba ha recolectar botellas de plástico y cristal junto con sus hijos para venderlas en el pueblo y su esposa con la ayuda de un hermano iba mirando alrededor del camino para ver si conseguía leña para encender el fuego de la cocina hecha con dos grandes piedras y un pedazo de teja.
Una tarde comenzó a llover muy fuerte y hacer mucho viento con lo cual la casa construida con plástico y cartón pereció, sin dejar otra opción a la familia que abandonar ese territorio y salir a caminar hasta encontrar otro lugar más seguro, donde volver a levantar otra casa hecha de plástico y cartón.
Llegaron a una finca y encontraron un aviso en la entrada. El dueño estaba contratando obreros para almacenar la cosecha de tomates. Pero como ninguno sabía leer, ni escribir se aventuraron a entrar para preguntar por lo que decía afuera.
Fue así como aprendieron a cultivar tomates, recolectarlos y hasta inventaron un aparato que realizaba todo el proceso para que saliera la pasta de tomate que luego se distribuiría y vendería en los supermercados. Unas veces en presentación de lata y otras en botellas de plástico y cristal muy limpias y selladas.
La familia pobre mejoró económicamente, los niños que eran ya todos jóvenes para entonces, pudieron ir a la escuela por primera vez y juntos vivían en una casa grande y segura hecha de madera con techo de zinc.
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