Joaquín ese es mi nombre. No quieran conocer mi apellido, es uno de los típicos de descendencia española. Admito que soy un hombre muy metódico. No me gustan los cambios. Nunca he cambiado ni trabajo ni esposa y mis ideas, opiniones y pensamientos han sido siempre los mismos. Lo admito, debo parecer aburrido pero así soy yo, eso es lo que me brinda una sensación de seguridad y de control sobre mi vida.
Todas las mañanas Marta - ese es el nombre de mi adorable mujer con la cual llevo casado 38 años, 11 meses y 18 días - entra al dormitorio con una taza de humeante café con leche, lo apoya sobre mi mesa de noche, se dirige hacia la ventana, abre las cortinas, mira hacia fuera y no importa como esté el día, hace siempre el mismo comentario sobre la situación meteorológica. Se acerca mi cama, me da un beso en la frente y sale del cuarto hacia la cocina a preparar el desayuno.
Ah! Me encantan mis mañanas! No las cambiaría por nada de este mundo!
Esta mañana un pequeño rayo de luz me alumbró y me despertó con un cierto sobresalto. Evidentemente Marta - mi siempre querida esposa con la cual llevo casado 38 años, 11meses y 18 días - no había cerrado bien las cortinas ayer en la noche. Tendré que comentárselo en el desayuno para que eso no vuelva a ocurrir jamás!
No estaba completamente despierto así que decidí quedarme un rato en la cama en un sabroso entresueño esperando mi taza de humeante café con leche que Marta, mi adorable esposa me habría seguramente traído, como de costumbre, a las 7:15.
7:16, 7:17, 7:18, 7:19 y mi humeante café con leche no llegaba.
A las 7:30 o 7:31, no recuerdo bien decidí levantarme y salir a ver qué sucedía. Era la primera vez que esto ocurría (por eso se los estoy contando). Me puse mi bata, la misma que uso desde hace 38 años, 11 meses y 18 días (fue un regalo de mi querida madre, q.e.p.d. el día de mi matrimonio con Marta, mi adorable esposa.
Bajé las escaleras y me dirigí hacia la cocina; hacía frío, mucho frío. Mi aliento formaba nubecitas de vapor frente a mi rostro.
Marta, mi adorable esposa no estaba en la cocina; ella no había preparado mi café con leche que debía haberme llevado a la cama a las 7:15 como de costumbre y, cosa aún más extraña, ni siquiera había preparado el desayuno.
Miré hacia la ventana de mi cocina que daba a la calle, los vidrios estaban empañados por mi aliento, llegué a divisar afuera unas luces que centellaban de color azul y rojo frente a mi casa.
Fui hacia la puerta principal, la abrí y vi que Marta, mi adorable esposa estaba siendo acompañada, esposada, por dos agentes de policía hacia una patrulla. Sentí un gran escalofrío y ganas de gritar pero la conversación de dos de mis vecinas me distrajo.
“Pobre Marta!, No podía más! Yo la comprendo!” decía una. “Pero que sangre fría!” decía la otra. “Ponerle todos los días un poco de amoníaco en el café con leche a su marido!”. “Y por cuanto tiempo lo estuvo haciendo?”
“Desde hace 38 años, 11 meses y 18 días!”
//alex
Joaquín
Autor: Mario Schiavelli
(4/5)
(8 puntos / 2 votos)
Cuento publicado el 20 de Junio de 2016
Todas las mañanas Marta - ese es el nombre de mi adorable mujer con la cual llevo casado 38 años, 11 meses y 18 días - entra al dormitorio con una taza de humeante café con leche, lo apoya sobre mi mesa de noche, se dirige hacia la ventana, abre las cortinas, mira hacia fuera y no importa como esté el día, hace siempre el mismo comentario sobre la situación meteorológica. Se acerca mi cama, me da un beso en la frente y sale del cuarto hacia la cocina a preparar el desayuno.
Ah! Me encantan mis mañanas! No las cambiaría por nada de este mundo!
Esta mañana un pequeño rayo de luz me alumbró y me despertó con un cierto sobresalto. Evidentemente Marta - mi siempre querida esposa con la cual llevo casado 38 años, 11meses y 18 días - no había cerrado bien las cortinas ayer en la noche. Tendré que comentárselo en el desayuno para que eso no vuelva a ocurrir jamás!
No estaba completamente despierto así que decidí quedarme un rato en la cama en un sabroso entresueño esperando mi taza de humeante café con leche que Marta, mi adorable esposa me habría seguramente traído, como de costumbre, a las 7:15.
7:16, 7:17, 7:18, 7:19 y mi humeante café con leche no llegaba.
A las 7:30 o 7:31, no recuerdo bien decidí levantarme y salir a ver qué sucedía. Era la primera vez que esto ocurría (por eso se los estoy contando). Me puse mi bata, la misma que uso desde hace 38 años, 11 meses y 18 días (fue un regalo de mi querida madre, q.e.p.d. el día de mi matrimonio con Marta, mi adorable esposa.
Bajé las escaleras y me dirigí hacia la cocina; hacía frío, mucho frío. Mi aliento formaba nubecitas de vapor frente a mi rostro.
Marta, mi adorable esposa no estaba en la cocina; ella no había preparado mi café con leche que debía haberme llevado a la cama a las 7:15 como de costumbre y, cosa aún más extraña, ni siquiera había preparado el desayuno.
Miré hacia la ventana de mi cocina que daba a la calle, los vidrios estaban empañados por mi aliento, llegué a divisar afuera unas luces que centellaban de color azul y rojo frente a mi casa.
Fui hacia la puerta principal, la abrí y vi que Marta, mi adorable esposa estaba siendo acompañada, esposada, por dos agentes de policía hacia una patrulla. Sentí un gran escalofrío y ganas de gritar pero la conversación de dos de mis vecinas me distrajo.
“Pobre Marta!, No podía más! Yo la comprendo!” decía una. “Pero que sangre fría!” decía la otra. “Ponerle todos los días un poco de amoníaco en el café con leche a su marido!”. “Y por cuanto tiempo lo estuvo haciendo?”
“Desde hace 38 años, 11 meses y 18 días!”
Otros cuentos que seguro que te gustan:
- Los anteojos del abuelo
- Locura de amor infiel
- El hombre, la montaña y el tesoro
- Un pueblo fantasma más
- La niña del colegio
¿Te ha gustado este cuento? Deja tu comentario más abajo
(Nota: Para poder dejar tu comentario debes estar registrado.Todavía no lo estás? Hazlo en un minuto aquí)
Últimos comentarios sobre este cuento