Viernes desolado en el Congreso de la Nación. Teodoro García ?hojeaba? los principales portales de noticias en su computadora cuadrada y lenta de su cubículo impersonal: Único hombre en el Despacho.
Sonriendo para si leía: ?Se aprobó la ley que prohíbe la carrera de galgos. Con 132 votos positivos, 17 negativos y 32 abstenciones, resultó un hecho la prohibición de carrera de perros de cualquier raza en el territorio de la República Argentina?.
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Un mes atrás, cansado del ruido de la ciudad Teodoro había decidido marchar a sus pagos bajo excusa de trabajo, aunque en realidad era para cambiar o tomar un poco de aire, no sabía bien como definirlo. Se lo comunicó a su novia Agustina y lo entendió sin reclamos ni molestias; le parecía le vendría perfecto.
Aquel viernes, también desierto en la Honorable Cámara, dejó su auto en el estacionamiento subterráneo de Hipólito Yrigoyen y Solís. Comería un tostado con un café con leche tardío en el Victoria, a eso de las 20 hs. a modo de cena. Su intención era demorar la salida de Buenos Aires para no lidiar con retrasos y angustias temporarias debido al tráfico.
Viajo sin compañías. Quería ir solo. Al principio en silencio, luego puso un pendrive con música bajada por Agustina. Manejó por su familiar y conocida ruta 5. Llegó con lo justo de nafta a Trenque Lauquen, bajó en la YPF anterior a la rotonda principal y llenó el tanque. No había policías de control al igual que tampoco habría en Pellegrini, aunque si lo detuvieron en la Caminera de Catriló. Papeles en orden, policía cordial y siguió su camino. Pisó Santa Rosa antes de que saliese el sol, como si hubiese sido una noche de boliches y alcohol, por más que hacía rato se había olvidado de aquellos menesteres. Ya no era ningún pibe.
Durmió lo que quedaba de noche en la entrada, en el hospedaje del ACA en frente al Casino Club. Había acordado con Víctor, Abogado amigo desde otros tiempos, en que lo visitaría a su Estudio a media mañana para tomar unos mates.
Se levantó, ayudado por la alarma puesta en su celular antes de acostarse, ducha y café con par de medialunas en el salón comedor y fue a lo de Víctor.
Toco el portero, -Si, quién es? -del otro lado-. -Teo -contestó amablemente pero a secas. -Teooo!! -riing y empujó la puerta-. Lo atendió Maribel, una de las Secretarias. Saludos afectuosos y subió la escalera enérgico. Arriba lo esperaba Víctor con mate generoso y amplio de boca, como para que no se lavase por un buen rato.
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Abrazo de oso sentido y un expresivo ?Teodorito querido que bueno verte otra vez?, fue como empezó. Hacía tiempo no se veían.
Luego de conversar un poco de todo, incluyendo familia y novedades locales, Teodoro quiso saber su opinión, aunque la intuía:
?¿Viste lo que salió el viernes pasado del Senado?
?No ?respondió al instante. Siempre despierto y rápido de reflejos.
?La prohibición de carreras de perros. Ahora pasa a que la tratemos nosotros en Diputados.
?Ah sí, era de preverse.
?¿Y qué decís?
?Digo que el mundo está así.
?¿Así cómo? ?preguntó mecánicamente.
?Así, Teodoro. Superficial, simple. Rápido y sin análisis.
?Pienso lo mismo. ¿Será que me estoy haciendo viejo?
?¿Será que yo soy un anciano, entonces? ?repuso Víctor con ironía, pero siguió?. Mira Teodoro, antes de hablar de los galgos, creo es preciso ahondar en que ya en el 1870 hubo una sentencia; un Fallo de la Corte Suprema de Justicia Argentina llamado ?Empresa Plaza de toros contra Provincia de Buenos Aires?, en el que se ratificó en aquel entonces la prohibición de las corridas de toros por razones de seguridad y salubridad.
?Claro, Víctor. Leí jurisprudencia... ?repuso algo molesto Teodoro?. Pero el punto es que se prohibió la construcción de esa plaza para dar al pueblo ese espectáculo, aun cuando se pudiese haber calificado de establecimiento industrial como pretendía la Empresa y el ejercicio de esa ?industria? no ofendiera el decoro, la cultura y la ?moralidad de las costumbres públicas? ?cerró con estas últimas palabras haciendo mímicas actorales, símil recitado de memoria.
?En fin, se prohibieron las corridas en estas tierras por ser contrarias a la seguridad y salubridad, como te dije ?pretendía sentenciar el letrado.
?Jee?, zafaron de meterse de lleno con esto de la moral y buenas costumbres. Muy atinado: concepto harto cambiante que depende del tiempo y lugar. Fíjate que en España sigue habiendo corridas de toros. Bien de origen romano: Sangre y sufrimiento como entretenimiento ?y agrego con cierta jactancia?. También son legales en Francia, Portugal y de Latinoamérica en México, Colombia, Venezuela, Perú y Ecuador.
?Veo que has estudiado, Teo... ?repuso ahora con algo de sorna Víctor.
Sin hacer acuse de recibo Teodoro redondeaba su idea; lo que no perdonaba:
?Me iba de tema...la cuestión es que en esta prohibición de carrera de galgos no sólo no se habla de moral y buenas costumbres, sino que tampoco se hace referencia a la seguridad y salubridad.
?Entiendo a dónde vas ?sintetizó el Abogado?. Te molesta la falta de fundamentos...argumentos. Tenés muy inculcado el ?Por Qué? tan propio de los filósofos.
?No lo puedo evitar; y eso que soy politólogo...
Teodoro había hecho su educación hasta el nivel secundario en su pueblo del Norte de la Provincia de La Pampa. Buenas notas. Chico aplicado e interesado. Amante de la escuela y del recreo; de la biblioteca y de la calle.
Luego había estudiado Ciencias Políticas en Buenos Aires, en la UCA. De los mejores alumnos en los asuntos que le entretenían. Estudiaba para conocer, saber y entender olvidando medallas de oro y cuadros de honor.
En la extensa Campaña Electoral del 2015 se había presentado apretado de tiempo, dinero y gente que lo ayude, para Intendente de su localidad. No ganó, aunque sería despiadado vociferar que perdió. Luego le ofrecieron un cargo en el Ministerio de Desarrollo Social: Lo agarró y al poco tiempo lo dejó. Según su óptica no tenía influencia sobre ciertos hechos sociales esenciales a ser cambiados. Ahora, había recalado en el Despacho de un Diputado de La Pampa que lo valoraba y estimaba.
Víctor, por su parte, abogado de padre y abuelo abogado. Racional y justo (aunque más racional que justo). Escéptico de la política aunque conocedor de su relevancia.
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Permanecieron hasta el mediodía ya no hablando de tauromaquia sino de carreras de galgos. Analizaron el artículo 2 de lo que sería la Ley 27.330 en cuanto ?...el que por cualquier título organizare, promoviere, facilitare o realizare una carrera de perros, cualquiera sea su raza, será reprimido con presión de tres a cuatro años y multa de $ 4.000 a $ 80.000? y estuvieron de acuerdo en que cuando no se sabe bien como manejar una cuestión o fenómeno social -por lo general debido a su complejidad y/o variantes- muchas veces se recurre lisa y llanamente a su prohibición. Alegaron también que lo que se tendría que sancionar es cuando se configura el mal trato animal en esta actividad como en otras; y en que se ha de poner el foco en el sufrimiento, estrés o acciones que pudiese llevar a la muerte de los animales.
Se despidieron, hasta la próxima. Víctor seguiría con sus papeles y cuestiones; Teodoro, con los perros.
Caminó hasta Mostaza y comió rápido una rápida hamburguesa. Luego llamadas de celular retrasadas y whatsapp; siesta corta y; otra vez: sus manos al teléfono.
A la tardecita pasó a ver a un amigo, Antonio. Él estaba encargado del negocio familiar: Una confitería-restaurant. Cenaron juntos. Surgió el tema de los galgos y galgueros. Su amigo de la infancia notaba mucha diferencia en cómo se veía el asunto en Buenos Aires respecto al interior; por ser distintas idiosincrasias, porque el trato a los animales es distinto, porque las personas viven distinto, piensan de otra manera y, a decir verdad, ?porque son distintas?, diría literalmente su amigo.
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Se despertó temprano. Primero iría a General Pico a verse con muchachos de la política. Después, continuaría a su pueblo -había prometido llegaría a almorzar y por ello su familia le había asegurado ?asado en su honor?-.
Pago la estadía de dos noches, volvió a cargar nafta y al despuntar el alba ponía quinta en la ruta. Tomó la 35 doblando luego en una provincial, la 4. De Trenel -en verdad, de la rotonda esa que se dice es de Trenel- a General Pico disfrutó contemplando aquel horizonte chato y lejano de caldenes ancestrales. Topografía típicamente pampeana; Extensa, adorable y hasta, inclusive, enigmática.
Al llegar fue a la casa de Javier, un Diputado Nacional:
?Hola Javier ?arrancó Teodoro.
?¿Qué tal, Teo?
?Bien, todo bien.
?¿Cansado? ?le pregunto
?No.
Se miraron fijamente y fueron al grano:
?¿Qué va a pasar?
?Se van a prohibir.
?¿Así como así? Sin siquiera hacer referencia a razones de moral y buenas costumbres, o salubridad o seguridad, no sé...
?Sí.
?¿Mal trato animal?
?Tampoco.
?Por qué?
?Porque no hace falta.
Ante el silencio expectante de Teodoro, Javier prosiguió:
?En esta actividad suele haber malos tratos y la gente está de acuerdo con que se prohíban. Además hay formadores de opinión, ya sabes, conductores de TV, actrices y demás que apoyan esta causa y cuentan con millones de seguidores en sus Twitter, Instagram, Facebook. Vino mucho de ahí la movida, de las redes sociales.
?Ok, Javier. Pero lo que no podemos tolerar y por eso en todo caso sancionar, ¿No sería el mal trato animal? ¿Qué pasa si hay carreras civilizadas en las que se trata con cuidado a los perros y...
?Se sabe que los pichicatean para que rindan ?lo interrumpió Javier?. Luego, si no lo hacen, los bancan un par de meses y plamm...descarte; los tiran por ahí o los sacrifican.
?¿Y si no se diese esa situación?
?La política es así Teodoro, ya sabes. Más allá que desde el partido no nos definieron una línea tan marcada en este caso, la opinión pública pesa?y mucho. No lo digo tanto por mí, pero te aseguro que va a haber Diputados, más que nada los de Capital re presionados por la gente ?y como queriendo ganárselo a él también remató con retórica incluida?: ¿Y entonces?Cómo hacés para decir algo que no guste y pretender seguir siendo votado?
?¿Demagogia? Está todo bien. ¿Recordas a un tal Max Weber?...Él decía que el político debe liderar. Debe dar sus razones ayudando a la ciudadanía a que se incline por lo bueno y lo justo?
?Eso da para clases universitarias, en la praxis es diferente.
?Sí, que lástima, pero cuanto se nota... ?cerraba la conversación Teodoro.
Ahora, mientras iba a su pueblo pensaba en todo esto desilusionado, desencantado y lo que es peor: ya algo acostumbrado. Entendía, pero pretendía, quería; necesitaba más. No podía conformarse con esta triste realidad resistiéndose a vivir en una sociedad tan banal, repleta de dobles discursos e hipocresía.
Lo que vino después fue familia. Charlas amenas, una vuelta por el campo. Cuando quiso acordar estaba de vuelta en Buenos Aires.
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(Segunda parte)
Paso una monótona semana, la cual incluyó ir a nadar al Club Banco Provincia, en Vicente López y no mucho más.
Llegado el domingo, fue a La Viruta a bailar tango junto a su novia Agustina.
Agustina era Nutricionista. Nacida y criada en Santa Rosa, La Pampa. De Colegio privado aunque luego estudiante de la UBA. Estaba por llegar al tercer cambio de década sin que le importase mucho aquello de aun no haber formado una familia. Solía decir que no era prioritario. Se centraba en su profesión, pensaba en viajes y experiencias; ropas lindas, salidas a bares. Todo lo cual indicaría superficialidad, pero he aquí que no era así. Era otra forma de ver las cosas, sostenía Agustina. Comida sana y variada, actividad física y descanso con sus 8 horas ininterrumpidas de sueño. Esos tres pilares eran un mantra para ella. Se tomaba muy en serio su carrera y trabajo. Constantemente asistía a Jornadas de Especializaciones Profesionales.
También se hacía de tiempo para leer, practicar yoga y asistir a sus clases semanales de violín -actividad que la apasionaba, la sacaba de su eje, de su ?tiempo y espacio?, en sus propias palabras y que resistió con esfuerzo de abandonarlas cuando en sus primeras lecciones la profesora le informo que las cuerdas de estos instrumentos solían ser de tripas de animales (específicamente, de gato u oveja) y que en la actualidad los ?pelitos? del arco se denominan ?cerdas de crin? por ser extraídas justamente de crines de cola de caballo-.
Eso sí, aunque proveniente de familia católica no era asidua a Conventos e Iglesias. Tampoco, por el momento, le interesaba casarse, además, primero habría que probar con la convivencia, repetía.
Cuando iba de visita (o paseo) a su ciudad, sus coterráneos pampeanos solían cargarla con que se había aporteñado.
En fin, llegaron a La Viruta, bajaron al subsuelo de este Club Armenio donde se encuentra el salón de baile y Teodoro pago los $ 400 de la entrada con actitud varonil clásica. En ese momento, Agustina si fue parte de la vieja escuela aceptando ese gesto, que más que gesto fue acción y hecho concreto.
En el Salón de baile, la sociedad toda. Cada uno en la suya, con un patrón denominador común: la autenticidad y felicidad de mostrarse sin tapujos. Rostros sonrientes aprovechando aquel presente idílico de música y baile. Preocupaciones depositadas alegremente fuera y camaradería que llegaba a ser sumamente cálida. Era el carpe diem.
Mesa para dos, vino Alma Mora y cuatro empanadas de carne que terminaron siendo empanadotas cuando se las presentó el mozo. Llegaron temprano para tomar la primer clase de tango con poca gente. Luego improvisarían rock and roll.
Pero antes de ello, Agustina ansiaba saber:
?Contame como te fue en la gira por La Pampa...
?Bien, de todo un poco.
?Seguro que estuviste hablando por el asunto de las carreras de perros ?tanteó.
?Hablé con Víctor y un par de amigos más sobre eso. Pero?digamos, fueron encuentros extra laborales.
?Mmm?ponéle ?exclamó revoloteando los ojos?; pero, ¿Qué va a pasar? ?ahora repentinamente lo indagaba con su mirada.
Agustina adoraba a los animales, en especial, a los perros. Los trataba a la par de los seres humanos aduciendo, inclusive, que se los debía tratar con mayor respeto y amor debido a que son seres indefensos y están a merced del hombre. Por supuesto, le parecían una aberración las carreras y todo lo que ocurría antes y después de las mismas.
?Se van a prohibir ?contestó, seco.
?-¿Y por qué esa cara? ¿O acaso estas a favor?
?Estoy a favor de la racionalidad, Agus ?replicó?. Estoy a favor del no al mal trato animal en todas sus formas. Pero prohibir por prohibir: NO -dijo de manera tajante.
?Me has dicho eso?
?Veo que hay cosas que se van de mambo. Que nadie explica y entonces todo pasa a ser un Boca-River. O estas a favor o en contra. Todo es defender posiciones y eso conspira sobre la generación de debates constructivos.
En ese momento uno de los Profes indicaba que los principiantes debían ir contra la barra, los intermedios al centro del salón y los avanzados contra el escenario. Hasta aquí fueron ellos.
Indicaciones precisas amistosas. Teodoro -algo desconcentrado- erró pasos, pero Agustina con su prestancia al baile hizo que se disimulasen.
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Novedades de esta nueva semana: había irrumpido una ?chica nueva? en el Despacho. Se llamaba Roció, vivía en Canning (barrio privado cercano a Ezeiza) pero desde hacía dos años estaba en un internado en Suiza terminando sus estudios secundarios. Estaba allí con cara de feliz cumpleaños dispuesta a cumplir el mes de pasantía que necesitaba para darle mayor fuerza e ímpetu a su aplicación a Cambridge y lograr ser parte del selecto grupo de alumnos globales de los claustros del Churchill College de ?Historia, Política y Relaciones Internacionales?.
Teodoro le asignó como primer tarea que prepare un bibliorato, en síntesis, qué googlee y archive noticias sobre dos tópicos: 1. Carrera de perros en Argentina y el mundo; 2. Mal trato animal en Argentina y el mundo, con fecha límite al miércoles al mediodía.
Antes de lo pautado le envío esa información por e-mail. Junto con ello, Teodoro imprimió los artículos periodísticos que le aportarían mayores insumos y llevó además su tablet a la Biblioteca del Congreso para poder leer todo ese material tranquilo.
A los 15 minutos de haber comenzado con su lectura ingreso en la sala un contingente de alumnos en una visita guiada. No pudo dejar de escuchar otra vez que la Biblioteca había sido creada en 1859 y que por la Ley de Propiedad Intelectual (Ley 11.723) una copia de todo libro que se imprima en Argentina debe ser remitida a la Biblioteca Pública Nacional, al Archivo General de la Nación y a la Biblioteca del Congreso de la Nación; luego aseguraba la Guía que ??este sublime salón de lectura fue concebido y revestido con el más noble nogal italiano trabajado por ebanistas florentinos y que si bien el techo parece ser de madera en realidad es una imitación, una simulación a través de una técnica consistente en mezclar yeso, aserrines y pintura...asimismo, sus bellos cuadrantes y flores son pintados?.
Teodoro refunfuñaba el intentar focalizarse en la lectura sin éxito, pero al escuchar que el reloj del fondo era una réplica del que está en el Museo de Louvre, de París, obsequio de la Infanta Isabel de Borbón durante los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo, en 1910, paró la oreja para oír la anécdota que invariablemente trajo a colación:
?...Luis XIV, el Rey Sol, había mandado a construir 100 relojes solicitando un detalle peculiar, algo por descubrir en ellos y el relojero a modo de broma allí donde va el 4 puso en números romanos IIII en lugar de IV, como correspondía. Cuentan que al Rey no le cayó nada bien el chiste y que mando a decapitar al relojero y que a partir de ahí dictaminó que todos los relojes se harían con ese IIII tan particular -quizás para evitar el ridículo-?, y que habrá quienes consideren esto como un mito, lo cierto es que hoy en día podrán apreciar cantidades de relojes con este ?detalle? por todos los rincones del mundo?.
Al re-escuchar esto a Teodoro se le vino a la mente lo que acababa de leer de la Greyhounds Australasia en cuanto a que es una organización gubernamental de Australia y Nueva Zelanda que desarrolla e implementa una serie de medidas para asegurarse del bienestar de los galgos que corren, como la introducción de un micro chip que facilita un seguimiento más preciso de cada perro durante sus vidas o la implementación de un reglamento que obliga a los dueños a notificar cuando el galgo se retira. Quizás fuera por cierta asociación inconsciente entre aquel acto de discrecionalidad absoluta y atroz de Luis XIV y la prohibición directa, sin fundamentos ni búsquedas de alternativas superadoras de las carreras de perros.
Acto seguido, la Guía hizo referencias a las coquetas y tradicionales lámparas de bronce y que la sala consta -como se podía valorar- de un total de 24 mullidos sillones exclusivos para Diputados y/o Senadores (Teodoro era la excepción a esa regla) alrededor de cuatro grandes escritorios a 35°, porque antes la iluminación era a vela y servían para no proyectar sombra sobre lo que se leía. Al escuchar esto, Teodoro se lamentó la época en la que le tocaba vivir: «Antes se respetaba a quien trabajaba y hasta se cuidaban esos pormenores. Ahora este lugar pasó de ser sala de estudio y reflexión a paseo turístico...».
Así transcurría la semana cuando de repente le entró a Teodoro un mensaje de texto -de los convencionales- que decía literalmente así: TEODORO. NECESITAMOS HABLAR CON ALGUIEN. VOS TENES LLEGADA ARRIBA. QUEREMOS QUE VEAS UNA DE NUESTRAS CARRERAS.
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Ese mismo viernes se subió al General Alverino destino a Santa Rosa, pagando su pasaje con su dinero. Pudiese haber solicitado tramo aéreo, pero no lo considero necesario.
Lo fueron a buscar directamente a la Terminal de Ómnibus, en una chata ni muy destartalada ni tampoco portadora de ese olor tan agradable a camioneta nueva, dos hombres mayores.
Sin excesos de palabras ni emociones, más bien midiéndolas, tomaron la Ruta 35. Ahora se dirigían al sur, como yendo a Bahía Blanca.
De repente, Carlos (quien le hubiese escrito aquel mensajito de texto) rompió el hielo:
?Queremos que alguien vea lo crueles que somos ?dijo con voz baja pero remarcando con ironía estas últimas palabras?, pero desde ya, gracias por venir amigazo ?y le palmeó levemente la espalda.
En uno de los cuatro últimos y casi pegados pueblos pampeanos del sur de la Provincia, lo esperaban otros tantos hombres para que viese con sus propios ojos esta otra también verdadera realidad.
Antes desandarían aquel camino recto, de inmensas planicies y marcadas ondulaciones. Teodoro dudaba entre si aparecería algún león dada su similitud con la sabana africana o si atravesaría como un rayo el correcaminos perseguido por el coyote.
Arribaron a media mañana. Teodoro vió caras de desconformismo, en verdad, encontró rostros con muecas de incomprensión entre los presentes. No era un grupo numeroso.
Percibió su sencillez y prolijidad. «Ambiente de campo», pensó para sus adentros. Vio perros complacidos recibiendo buenos tratos, inclusive, cariñosos de parte de sus dueños. Advirtió a estos sabuesos un tanto expectantes. Como si pidiesen cancha.
Se hicieron un lugarcito en una casa más de puesto que de estancia. Mate de calabaza, pava negra de hollín y cucharadita de azúcar para el primer mate inaugural:
?Señor, con su permiso... ?tanteaba tímido uno de ellos?, no hacemos nada malo nosotros. ¿Porque se nos trata así...así como... ?se tardaba al no poder encontrar la palabra precisa?, como dañinos y que no queremo? a nuestros galgos?
Y antes que pudiese contestarle, otro de ellos se apuró a decir:
?Y es que es de las cosas que más queremos nosotros, digo?a nuestros perros...
Y un tercero -Teodoro intuyo sería un Abogado con ánimos de defenderlos en la Justicia- de repente se explayó:
?¿Acaso no se podría realizar algo más inteligente que prohibir esta actividad que aquí es esencialmente recreativa? ¿Por qué no se puede diagramar un esquema virtuoso tal como se ha llevado a cabo en el Turf? ?y rápidamente se auto-respondia?. Esto es, que el Estado la formalice y la regule; Que se audite el mal trato animal en cualquiera de sus formas, ya sea por castigos físicos, dopaje, matanza in situ. ¿Por qué no pensar en la creación de Galgodromos o Canodromos, como bien se los califica, y se dictaminan normas sanitarias y protocolos de tratos adecuados de estricto cumplimiento por parte de quienes deseen participar? ¿Cuál es la razón para que no puedan mediar, asimismo, apuestas legítimas y legales en esta actividad?
Teodoro aún no había podido emitir vocablo alguno cuando alguien más -levantando la mano previamente como en la escuela- añadió:
?Lo que pasa es que esos de los caballos tienen guita y contactos con los políticos...Jeee, muchos de ellos SON políticos, son los que hacen las reglas...que le vamo? a hacee?... ?se apenaba con movimiento de cabeza y chasquido de boca incluído, mirando con resignación hacia abajo, al suelo.
Teodoro seguía practicando esta ?escucha activa?, ya que continuaban los planteos. Inferían que se debían prohibir, entonces, además del Turf el Polo, la Equitación y el Pato; e iban más allá: puntualizaban en que bajo el mismo argumento, el uso militar y el de las fuerzas de seguridad (policía) conferido sobre los animales debería ser ?frenado?, así decían; ¿Que qué pasaba con los caballos de andar?¿Y con los animales de exhibición?. Hasta hubo quien acotó entre risas por lo disparatado del planteo:
?¿Y entonces qué pasa con las abejitas?¿Nos van a suspender también porque las hacemos ?laburar??
Se sucedían esta tipo de comentarios. Hablaban del engorde de ganado, de los feedlots, de que las pollerías serían lugares aterradores y ni que hablar de osar sustraerles los huevos a las gallinas ponedoras: ¡¡Ni siquiera verían a sus hijitos nacer!!
La charla pasaba de trágica a cómica. Con elocuencia condenaron a la gente de Ciudad por tener encerrados a sus perros en departamentos pequeñísimos, o a ese trato que le dan de humanos lavándole el pelo y poniéndole ropa. Luego, también hubo quien hizo referencia a como tenían a esos pececitos de colores en cajas rectangulares transparentes llamadas ?peceras?. ¿Y qué de la nueva moda de tener hurones o hasta yacarés en patios de veinte metros cuadrados?
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Teodoro pudo ver una carrera. Nada tormentoso. Solo perros corriendo un elemento blanco aparentando burdamente ser un conejo. Aplausos, carcajadas (muchas de ellas fuertes) y algún que otro insulto. Tampoco era un espanto.
Al terminar la carrera se le arrimó quien con voz cansina le comentó:
?Es raro hermano todo...He escuchado que directivos del Turf hablan que su actividad es un deporte porque participa en ella el ser humano y que ahí radica la diferencia con lo nuestro ?trago saliva y continuó?; pero yo me pregunto, ¿En tal caso no hay mayor dominio al ir sentado sobre su lomo con fusta y riendas en mano? ¿Justamente por ejercer ese mando ellos practican un deporte y nosotros somos tildados como monstruos insensibles, pero resulta que somos quienes los dejamos correr libremente?
Teodoro lo escuchó con atención, pero antes de responderle, se le vino a la mente aquella famosa frase de Nietzsche: ?La verdad es la mentira más eficiente?.
Vacilaba en su respuesta, pues dudaba en torno a aquella famosa reflexión o sentencia -dependiendo de quién y cómo la tomase-. Pensó en lo que esta tan en usanza, en eso del relato, de la post-verdad y afines.
Lo seguía mirando fijo a los ojos, pidiéndole tiempo. La persona que tenía en frente era noble y sabía esperar pacientemente.
De repente en un acto de espontánea rebeldía, Teodoro exclamó:
?Lo entiendo señor, voy a transmitís sus palabras y veremos que se puede hacer ?dando por concluida la conversación grupal con esa frase protocolar tan empleada para salir del paso pero que, en este caso, era más sentida y honesta que nunca.
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Cuando ya estaba arriba de la camioneta, uno de los más ancianos del grupo se acercó a su ventanilla y con ojos llorosos, titubeantes, le remarcó sabiamente:
??Sabe lo que pasa joven, es que los empujan a los muchachos a la clandestinidad. Yo no digo que no haiga de todo en este ambiente...Pero acá; nosotros, somos un ejemplo de respeto por los seres vivientes.
?Se van a reunir calladitos en algún campo particular y ahí todo va a ser más informal?Nadie controlara si esisten malos tratos, apuestas ilegales?En fin, yo no soy dotor ni nada, ¿Vio...?
?Mas el diablo sabe por viejo maj que por diablo...
?Esto termina siendo como las anteojeras que se le ponen a los percherones: limitar su visión para que no los afecten cuestiones del esterior y sigan andando...
?Estará todo bien, porque nada se sabrá...?
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Y así llegamos al momento en que Teodoro leía: ?Se aprobó la ley que prohíbe la carrera de galgos...?.
//alex
Los perros y teodoro
Autor: Nicolás Aguerre
(3/5)
(6 puntos / 2 votos)
Cuento publicado el 20 de Mayo de 2019
Sonriendo para si leía: ?Se aprobó la ley que prohíbe la carrera de galgos. Con 132 votos positivos, 17 negativos y 32 abstenciones, resultó un hecho la prohibición de carrera de perros de cualquier raza en el territorio de la República Argentina?.
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Un mes atrás, cansado del ruido de la ciudad Teodoro había decidido marchar a sus pagos bajo excusa de trabajo, aunque en realidad era para cambiar o tomar un poco de aire, no sabía bien como definirlo. Se lo comunicó a su novia Agustina y lo entendió sin reclamos ni molestias; le parecía le vendría perfecto.
Aquel viernes, también desierto en la Honorable Cámara, dejó su auto en el estacionamiento subterráneo de Hipólito Yrigoyen y Solís. Comería un tostado con un café con leche tardío en el Victoria, a eso de las 20 hs. a modo de cena. Su intención era demorar la salida de Buenos Aires para no lidiar con retrasos y angustias temporarias debido al tráfico.
Viajo sin compañías. Quería ir solo. Al principio en silencio, luego puso un pendrive con música bajada por Agustina. Manejó por su familiar y conocida ruta 5. Llegó con lo justo de nafta a Trenque Lauquen, bajó en la YPF anterior a la rotonda principal y llenó el tanque. No había policías de control al igual que tampoco habría en Pellegrini, aunque si lo detuvieron en la Caminera de Catriló. Papeles en orden, policía cordial y siguió su camino. Pisó Santa Rosa antes de que saliese el sol, como si hubiese sido una noche de boliches y alcohol, por más que hacía rato se había olvidado de aquellos menesteres. Ya no era ningún pibe.
Durmió lo que quedaba de noche en la entrada, en el hospedaje del ACA en frente al Casino Club. Había acordado con Víctor, Abogado amigo desde otros tiempos, en que lo visitaría a su Estudio a media mañana para tomar unos mates.
Se levantó, ayudado por la alarma puesta en su celular antes de acostarse, ducha y café con par de medialunas en el salón comedor y fue a lo de Víctor.
Toco el portero, -Si, quién es? -del otro lado-. -Teo -contestó amablemente pero a secas. -Teooo!! -riing y empujó la puerta-. Lo atendió Maribel, una de las Secretarias. Saludos afectuosos y subió la escalera enérgico. Arriba lo esperaba Víctor con mate generoso y amplio de boca, como para que no se lavase por un buen rato.
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Abrazo de oso sentido y un expresivo ?Teodorito querido que bueno verte otra vez?, fue como empezó. Hacía tiempo no se veían.
Luego de conversar un poco de todo, incluyendo familia y novedades locales, Teodoro quiso saber su opinión, aunque la intuía:
?¿Viste lo que salió el viernes pasado del Senado?
?No ?respondió al instante. Siempre despierto y rápido de reflejos.
?La prohibición de carreras de perros. Ahora pasa a que la tratemos nosotros en Diputados.
?Ah sí, era de preverse.
?¿Y qué decís?
?Digo que el mundo está así.
?¿Así cómo? ?preguntó mecánicamente.
?Así, Teodoro. Superficial, simple. Rápido y sin análisis.
?Pienso lo mismo. ¿Será que me estoy haciendo viejo?
?¿Será que yo soy un anciano, entonces? ?repuso Víctor con ironía, pero siguió?. Mira Teodoro, antes de hablar de los galgos, creo es preciso ahondar en que ya en el 1870 hubo una sentencia; un Fallo de la Corte Suprema de Justicia Argentina llamado ?Empresa Plaza de toros contra Provincia de Buenos Aires?, en el que se ratificó en aquel entonces la prohibición de las corridas de toros por razones de seguridad y salubridad.
?Claro, Víctor. Leí jurisprudencia... ?repuso algo molesto Teodoro?. Pero el punto es que se prohibió la construcción de esa plaza para dar al pueblo ese espectáculo, aun cuando se pudiese haber calificado de establecimiento industrial como pretendía la Empresa y el ejercicio de esa ?industria? no ofendiera el decoro, la cultura y la ?moralidad de las costumbres públicas? ?cerró con estas últimas palabras haciendo mímicas actorales, símil recitado de memoria.
?En fin, se prohibieron las corridas en estas tierras por ser contrarias a la seguridad y salubridad, como te dije ?pretendía sentenciar el letrado.
?Jee?, zafaron de meterse de lleno con esto de la moral y buenas costumbres. Muy atinado: concepto harto cambiante que depende del tiempo y lugar. Fíjate que en España sigue habiendo corridas de toros. Bien de origen romano: Sangre y sufrimiento como entretenimiento ?y agrego con cierta jactancia?. También son legales en Francia, Portugal y de Latinoamérica en México, Colombia, Venezuela, Perú y Ecuador.
?Veo que has estudiado, Teo... ?repuso ahora con algo de sorna Víctor.
Sin hacer acuse de recibo Teodoro redondeaba su idea; lo que no perdonaba:
?Me iba de tema...la cuestión es que en esta prohibición de carrera de galgos no sólo no se habla de moral y buenas costumbres, sino que tampoco se hace referencia a la seguridad y salubridad.
?Entiendo a dónde vas ?sintetizó el Abogado?. Te molesta la falta de fundamentos...argumentos. Tenés muy inculcado el ?Por Qué? tan propio de los filósofos.
?No lo puedo evitar; y eso que soy politólogo...
Teodoro había hecho su educación hasta el nivel secundario en su pueblo del Norte de la Provincia de La Pampa. Buenas notas. Chico aplicado e interesado. Amante de la escuela y del recreo; de la biblioteca y de la calle.
Luego había estudiado Ciencias Políticas en Buenos Aires, en la UCA. De los mejores alumnos en los asuntos que le entretenían. Estudiaba para conocer, saber y entender olvidando medallas de oro y cuadros de honor.
En la extensa Campaña Electoral del 2015 se había presentado apretado de tiempo, dinero y gente que lo ayude, para Intendente de su localidad. No ganó, aunque sería despiadado vociferar que perdió. Luego le ofrecieron un cargo en el Ministerio de Desarrollo Social: Lo agarró y al poco tiempo lo dejó. Según su óptica no tenía influencia sobre ciertos hechos sociales esenciales a ser cambiados. Ahora, había recalado en el Despacho de un Diputado de La Pampa que lo valoraba y estimaba.
Víctor, por su parte, abogado de padre y abuelo abogado. Racional y justo (aunque más racional que justo). Escéptico de la política aunque conocedor de su relevancia.
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Permanecieron hasta el mediodía ya no hablando de tauromaquia sino de carreras de galgos. Analizaron el artículo 2 de lo que sería la Ley 27.330 en cuanto ?...el que por cualquier título organizare, promoviere, facilitare o realizare una carrera de perros, cualquiera sea su raza, será reprimido con presión de tres a cuatro años y multa de $ 4.000 a $ 80.000? y estuvieron de acuerdo en que cuando no se sabe bien como manejar una cuestión o fenómeno social -por lo general debido a su complejidad y/o variantes- muchas veces se recurre lisa y llanamente a su prohibición. Alegaron también que lo que se tendría que sancionar es cuando se configura el mal trato animal en esta actividad como en otras; y en que se ha de poner el foco en el sufrimiento, estrés o acciones que pudiese llevar a la muerte de los animales.
Se despidieron, hasta la próxima. Víctor seguiría con sus papeles y cuestiones; Teodoro, con los perros.
Caminó hasta Mostaza y comió rápido una rápida hamburguesa. Luego llamadas de celular retrasadas y whatsapp; siesta corta y; otra vez: sus manos al teléfono.
A la tardecita pasó a ver a un amigo, Antonio. Él estaba encargado del negocio familiar: Una confitería-restaurant. Cenaron juntos. Surgió el tema de los galgos y galgueros. Su amigo de la infancia notaba mucha diferencia en cómo se veía el asunto en Buenos Aires respecto al interior; por ser distintas idiosincrasias, porque el trato a los animales es distinto, porque las personas viven distinto, piensan de otra manera y, a decir verdad, ?porque son distintas?, diría literalmente su amigo.
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Se despertó temprano. Primero iría a General Pico a verse con muchachos de la política. Después, continuaría a su pueblo -había prometido llegaría a almorzar y por ello su familia le había asegurado ?asado en su honor?-.
Pago la estadía de dos noches, volvió a cargar nafta y al despuntar el alba ponía quinta en la ruta. Tomó la 35 doblando luego en una provincial, la 4. De Trenel -en verdad, de la rotonda esa que se dice es de Trenel- a General Pico disfrutó contemplando aquel horizonte chato y lejano de caldenes ancestrales. Topografía típicamente pampeana; Extensa, adorable y hasta, inclusive, enigmática.
Al llegar fue a la casa de Javier, un Diputado Nacional:
?Hola Javier ?arrancó Teodoro.
?¿Qué tal, Teo?
?Bien, todo bien.
?¿Cansado? ?le pregunto
?No.
Se miraron fijamente y fueron al grano:
?¿Qué va a pasar?
?Se van a prohibir.
?¿Así como así? Sin siquiera hacer referencia a razones de moral y buenas costumbres, o salubridad o seguridad, no sé...
?Sí.
?¿Mal trato animal?
?Tampoco.
?Por qué?
?Porque no hace falta.
Ante el silencio expectante de Teodoro, Javier prosiguió:
?En esta actividad suele haber malos tratos y la gente está de acuerdo con que se prohíban. Además hay formadores de opinión, ya sabes, conductores de TV, actrices y demás que apoyan esta causa y cuentan con millones de seguidores en sus Twitter, Instagram, Facebook. Vino mucho de ahí la movida, de las redes sociales.
?Ok, Javier. Pero lo que no podemos tolerar y por eso en todo caso sancionar, ¿No sería el mal trato animal? ¿Qué pasa si hay carreras civilizadas en las que se trata con cuidado a los perros y...
?Se sabe que los pichicatean para que rindan ?lo interrumpió Javier?. Luego, si no lo hacen, los bancan un par de meses y plamm...descarte; los tiran por ahí o los sacrifican.
?¿Y si no se diese esa situación?
?La política es así Teodoro, ya sabes. Más allá que desde el partido no nos definieron una línea tan marcada en este caso, la opinión pública pesa?y mucho. No lo digo tanto por mí, pero te aseguro que va a haber Diputados, más que nada los de Capital re presionados por la gente ?y como queriendo ganárselo a él también remató con retórica incluida?: ¿Y entonces?Cómo hacés para decir algo que no guste y pretender seguir siendo votado?
?¿Demagogia? Está todo bien. ¿Recordas a un tal Max Weber?...Él decía que el político debe liderar. Debe dar sus razones ayudando a la ciudadanía a que se incline por lo bueno y lo justo?
?Eso da para clases universitarias, en la praxis es diferente.
?Sí, que lástima, pero cuanto se nota... ?cerraba la conversación Teodoro.
Ahora, mientras iba a su pueblo pensaba en todo esto desilusionado, desencantado y lo que es peor: ya algo acostumbrado. Entendía, pero pretendía, quería; necesitaba más. No podía conformarse con esta triste realidad resistiéndose a vivir en una sociedad tan banal, repleta de dobles discursos e hipocresía.
Lo que vino después fue familia. Charlas amenas, una vuelta por el campo. Cuando quiso acordar estaba de vuelta en Buenos Aires.
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(Segunda parte)
Paso una monótona semana, la cual incluyó ir a nadar al Club Banco Provincia, en Vicente López y no mucho más.
Llegado el domingo, fue a La Viruta a bailar tango junto a su novia Agustina.
Agustina era Nutricionista. Nacida y criada en Santa Rosa, La Pampa. De Colegio privado aunque luego estudiante de la UBA. Estaba por llegar al tercer cambio de década sin que le importase mucho aquello de aun no haber formado una familia. Solía decir que no era prioritario. Se centraba en su profesión, pensaba en viajes y experiencias; ropas lindas, salidas a bares. Todo lo cual indicaría superficialidad, pero he aquí que no era así. Era otra forma de ver las cosas, sostenía Agustina. Comida sana y variada, actividad física y descanso con sus 8 horas ininterrumpidas de sueño. Esos tres pilares eran un mantra para ella. Se tomaba muy en serio su carrera y trabajo. Constantemente asistía a Jornadas de Especializaciones Profesionales.
También se hacía de tiempo para leer, practicar yoga y asistir a sus clases semanales de violín -actividad que la apasionaba, la sacaba de su eje, de su ?tiempo y espacio?, en sus propias palabras y que resistió con esfuerzo de abandonarlas cuando en sus primeras lecciones la profesora le informo que las cuerdas de estos instrumentos solían ser de tripas de animales (específicamente, de gato u oveja) y que en la actualidad los ?pelitos? del arco se denominan ?cerdas de crin? por ser extraídas justamente de crines de cola de caballo-.
Eso sí, aunque proveniente de familia católica no era asidua a Conventos e Iglesias. Tampoco, por el momento, le interesaba casarse, además, primero habría que probar con la convivencia, repetía.
Cuando iba de visita (o paseo) a su ciudad, sus coterráneos pampeanos solían cargarla con que se había aporteñado.
En fin, llegaron a La Viruta, bajaron al subsuelo de este Club Armenio donde se encuentra el salón de baile y Teodoro pago los $ 400 de la entrada con actitud varonil clásica. En ese momento, Agustina si fue parte de la vieja escuela aceptando ese gesto, que más que gesto fue acción y hecho concreto.
En el Salón de baile, la sociedad toda. Cada uno en la suya, con un patrón denominador común: la autenticidad y felicidad de mostrarse sin tapujos. Rostros sonrientes aprovechando aquel presente idílico de música y baile. Preocupaciones depositadas alegremente fuera y camaradería que llegaba a ser sumamente cálida. Era el carpe diem.
Mesa para dos, vino Alma Mora y cuatro empanadas de carne que terminaron siendo empanadotas cuando se las presentó el mozo. Llegaron temprano para tomar la primer clase de tango con poca gente. Luego improvisarían rock and roll.
Pero antes de ello, Agustina ansiaba saber:
?Contame como te fue en la gira por La Pampa...
?Bien, de todo un poco.
?Seguro que estuviste hablando por el asunto de las carreras de perros ?tanteó.
?Hablé con Víctor y un par de amigos más sobre eso. Pero?digamos, fueron encuentros extra laborales.
?Mmm?ponéle ?exclamó revoloteando los ojos?; pero, ¿Qué va a pasar? ?ahora repentinamente lo indagaba con su mirada.
Agustina adoraba a los animales, en especial, a los perros. Los trataba a la par de los seres humanos aduciendo, inclusive, que se los debía tratar con mayor respeto y amor debido a que son seres indefensos y están a merced del hombre. Por supuesto, le parecían una aberración las carreras y todo lo que ocurría antes y después de las mismas.
?Se van a prohibir ?contestó, seco.
?-¿Y por qué esa cara? ¿O acaso estas a favor?
?Estoy a favor de la racionalidad, Agus ?replicó?. Estoy a favor del no al mal trato animal en todas sus formas. Pero prohibir por prohibir: NO -dijo de manera tajante.
?Me has dicho eso?
?Veo que hay cosas que se van de mambo. Que nadie explica y entonces todo pasa a ser un Boca-River. O estas a favor o en contra. Todo es defender posiciones y eso conspira sobre la generación de debates constructivos.
En ese momento uno de los Profes indicaba que los principiantes debían ir contra la barra, los intermedios al centro del salón y los avanzados contra el escenario. Hasta aquí fueron ellos.
Indicaciones precisas amistosas. Teodoro -algo desconcentrado- erró pasos, pero Agustina con su prestancia al baile hizo que se disimulasen.
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Novedades de esta nueva semana: había irrumpido una ?chica nueva? en el Despacho. Se llamaba Roció, vivía en Canning (barrio privado cercano a Ezeiza) pero desde hacía dos años estaba en un internado en Suiza terminando sus estudios secundarios. Estaba allí con cara de feliz cumpleaños dispuesta a cumplir el mes de pasantía que necesitaba para darle mayor fuerza e ímpetu a su aplicación a Cambridge y lograr ser parte del selecto grupo de alumnos globales de los claustros del Churchill College de ?Historia, Política y Relaciones Internacionales?.
Teodoro le asignó como primer tarea que prepare un bibliorato, en síntesis, qué googlee y archive noticias sobre dos tópicos: 1. Carrera de perros en Argentina y el mundo; 2. Mal trato animal en Argentina y el mundo, con fecha límite al miércoles al mediodía.
Antes de lo pautado le envío esa información por e-mail. Junto con ello, Teodoro imprimió los artículos periodísticos que le aportarían mayores insumos y llevó además su tablet a la Biblioteca del Congreso para poder leer todo ese material tranquilo.
A los 15 minutos de haber comenzado con su lectura ingreso en la sala un contingente de alumnos en una visita guiada. No pudo dejar de escuchar otra vez que la Biblioteca había sido creada en 1859 y que por la Ley de Propiedad Intelectual (Ley 11.723) una copia de todo libro que se imprima en Argentina debe ser remitida a la Biblioteca Pública Nacional, al Archivo General de la Nación y a la Biblioteca del Congreso de la Nación; luego aseguraba la Guía que ??este sublime salón de lectura fue concebido y revestido con el más noble nogal italiano trabajado por ebanistas florentinos y que si bien el techo parece ser de madera en realidad es una imitación, una simulación a través de una técnica consistente en mezclar yeso, aserrines y pintura...asimismo, sus bellos cuadrantes y flores son pintados?.
Teodoro refunfuñaba el intentar focalizarse en la lectura sin éxito, pero al escuchar que el reloj del fondo era una réplica del que está en el Museo de Louvre, de París, obsequio de la Infanta Isabel de Borbón durante los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo, en 1910, paró la oreja para oír la anécdota que invariablemente trajo a colación:
?...Luis XIV, el Rey Sol, había mandado a construir 100 relojes solicitando un detalle peculiar, algo por descubrir en ellos y el relojero a modo de broma allí donde va el 4 puso en números romanos IIII en lugar de IV, como correspondía. Cuentan que al Rey no le cayó nada bien el chiste y que mando a decapitar al relojero y que a partir de ahí dictaminó que todos los relojes se harían con ese IIII tan particular -quizás para evitar el ridículo-?, y que habrá quienes consideren esto como un mito, lo cierto es que hoy en día podrán apreciar cantidades de relojes con este ?detalle? por todos los rincones del mundo?.
Al re-escuchar esto a Teodoro se le vino a la mente lo que acababa de leer de la Greyhounds Australasia en cuanto a que es una organización gubernamental de Australia y Nueva Zelanda que desarrolla e implementa una serie de medidas para asegurarse del bienestar de los galgos que corren, como la introducción de un micro chip que facilita un seguimiento más preciso de cada perro durante sus vidas o la implementación de un reglamento que obliga a los dueños a notificar cuando el galgo se retira. Quizás fuera por cierta asociación inconsciente entre aquel acto de discrecionalidad absoluta y atroz de Luis XIV y la prohibición directa, sin fundamentos ni búsquedas de alternativas superadoras de las carreras de perros.
Acto seguido, la Guía hizo referencias a las coquetas y tradicionales lámparas de bronce y que la sala consta -como se podía valorar- de un total de 24 mullidos sillones exclusivos para Diputados y/o Senadores (Teodoro era la excepción a esa regla) alrededor de cuatro grandes escritorios a 35°, porque antes la iluminación era a vela y servían para no proyectar sombra sobre lo que se leía. Al escuchar esto, Teodoro se lamentó la época en la que le tocaba vivir: «Antes se respetaba a quien trabajaba y hasta se cuidaban esos pormenores. Ahora este lugar pasó de ser sala de estudio y reflexión a paseo turístico...».
Así transcurría la semana cuando de repente le entró a Teodoro un mensaje de texto -de los convencionales- que decía literalmente así: TEODORO. NECESITAMOS HABLAR CON ALGUIEN. VOS TENES LLEGADA ARRIBA. QUEREMOS QUE VEAS UNA DE NUESTRAS CARRERAS.
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Ese mismo viernes se subió al General Alverino destino a Santa Rosa, pagando su pasaje con su dinero. Pudiese haber solicitado tramo aéreo, pero no lo considero necesario.
Lo fueron a buscar directamente a la Terminal de Ómnibus, en una chata ni muy destartalada ni tampoco portadora de ese olor tan agradable a camioneta nueva, dos hombres mayores.
Sin excesos de palabras ni emociones, más bien midiéndolas, tomaron la Ruta 35. Ahora se dirigían al sur, como yendo a Bahía Blanca.
De repente, Carlos (quien le hubiese escrito aquel mensajito de texto) rompió el hielo:
?Queremos que alguien vea lo crueles que somos ?dijo con voz baja pero remarcando con ironía estas últimas palabras?, pero desde ya, gracias por venir amigazo ?y le palmeó levemente la espalda.
En uno de los cuatro últimos y casi pegados pueblos pampeanos del sur de la Provincia, lo esperaban otros tantos hombres para que viese con sus propios ojos esta otra también verdadera realidad.
Antes desandarían aquel camino recto, de inmensas planicies y marcadas ondulaciones. Teodoro dudaba entre si aparecería algún león dada su similitud con la sabana africana o si atravesaría como un rayo el correcaminos perseguido por el coyote.
Arribaron a media mañana. Teodoro vió caras de desconformismo, en verdad, encontró rostros con muecas de incomprensión entre los presentes. No era un grupo numeroso.
Percibió su sencillez y prolijidad. «Ambiente de campo», pensó para sus adentros. Vio perros complacidos recibiendo buenos tratos, inclusive, cariñosos de parte de sus dueños. Advirtió a estos sabuesos un tanto expectantes. Como si pidiesen cancha.
Se hicieron un lugarcito en una casa más de puesto que de estancia. Mate de calabaza, pava negra de hollín y cucharadita de azúcar para el primer mate inaugural:
?Señor, con su permiso... ?tanteaba tímido uno de ellos?, no hacemos nada malo nosotros. ¿Porque se nos trata así...así como... ?se tardaba al no poder encontrar la palabra precisa?, como dañinos y que no queremo? a nuestros galgos?
Y antes que pudiese contestarle, otro de ellos se apuró a decir:
?Y es que es de las cosas que más queremos nosotros, digo?a nuestros perros...
Y un tercero -Teodoro intuyo sería un Abogado con ánimos de defenderlos en la Justicia- de repente se explayó:
?¿Acaso no se podría realizar algo más inteligente que prohibir esta actividad que aquí es esencialmente recreativa? ¿Por qué no se puede diagramar un esquema virtuoso tal como se ha llevado a cabo en el Turf? ?y rápidamente se auto-respondia?. Esto es, que el Estado la formalice y la regule; Que se audite el mal trato animal en cualquiera de sus formas, ya sea por castigos físicos, dopaje, matanza in situ. ¿Por qué no pensar en la creación de Galgodromos o Canodromos, como bien se los califica, y se dictaminan normas sanitarias y protocolos de tratos adecuados de estricto cumplimiento por parte de quienes deseen participar? ¿Cuál es la razón para que no puedan mediar, asimismo, apuestas legítimas y legales en esta actividad?
Teodoro aún no había podido emitir vocablo alguno cuando alguien más -levantando la mano previamente como en la escuela- añadió:
?Lo que pasa es que esos de los caballos tienen guita y contactos con los políticos...Jeee, muchos de ellos SON políticos, son los que hacen las reglas...que le vamo? a hacee?... ?se apenaba con movimiento de cabeza y chasquido de boca incluído, mirando con resignación hacia abajo, al suelo.
Teodoro seguía practicando esta ?escucha activa?, ya que continuaban los planteos. Inferían que se debían prohibir, entonces, además del Turf el Polo, la Equitación y el Pato; e iban más allá: puntualizaban en que bajo el mismo argumento, el uso militar y el de las fuerzas de seguridad (policía) conferido sobre los animales debería ser ?frenado?, así decían; ¿Que qué pasaba con los caballos de andar?¿Y con los animales de exhibición?. Hasta hubo quien acotó entre risas por lo disparatado del planteo:
?¿Y entonces qué pasa con las abejitas?¿Nos van a suspender también porque las hacemos ?laburar??
Se sucedían esta tipo de comentarios. Hablaban del engorde de ganado, de los feedlots, de que las pollerías serían lugares aterradores y ni que hablar de osar sustraerles los huevos a las gallinas ponedoras: ¡¡Ni siquiera verían a sus hijitos nacer!!
La charla pasaba de trágica a cómica. Con elocuencia condenaron a la gente de Ciudad por tener encerrados a sus perros en departamentos pequeñísimos, o a ese trato que le dan de humanos lavándole el pelo y poniéndole ropa. Luego, también hubo quien hizo referencia a como tenían a esos pececitos de colores en cajas rectangulares transparentes llamadas ?peceras?. ¿Y qué de la nueva moda de tener hurones o hasta yacarés en patios de veinte metros cuadrados?
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Teodoro pudo ver una carrera. Nada tormentoso. Solo perros corriendo un elemento blanco aparentando burdamente ser un conejo. Aplausos, carcajadas (muchas de ellas fuertes) y algún que otro insulto. Tampoco era un espanto.
Al terminar la carrera se le arrimó quien con voz cansina le comentó:
?Es raro hermano todo...He escuchado que directivos del Turf hablan que su actividad es un deporte porque participa en ella el ser humano y que ahí radica la diferencia con lo nuestro ?trago saliva y continuó?; pero yo me pregunto, ¿En tal caso no hay mayor dominio al ir sentado sobre su lomo con fusta y riendas en mano? ¿Justamente por ejercer ese mando ellos practican un deporte y nosotros somos tildados como monstruos insensibles, pero resulta que somos quienes los dejamos correr libremente?
Teodoro lo escuchó con atención, pero antes de responderle, se le vino a la mente aquella famosa frase de Nietzsche: ?La verdad es la mentira más eficiente?.
Vacilaba en su respuesta, pues dudaba en torno a aquella famosa reflexión o sentencia -dependiendo de quién y cómo la tomase-. Pensó en lo que esta tan en usanza, en eso del relato, de la post-verdad y afines.
Lo seguía mirando fijo a los ojos, pidiéndole tiempo. La persona que tenía en frente era noble y sabía esperar pacientemente.
De repente en un acto de espontánea rebeldía, Teodoro exclamó:
?Lo entiendo señor, voy a transmitís sus palabras y veremos que se puede hacer ?dando por concluida la conversación grupal con esa frase protocolar tan empleada para salir del paso pero que, en este caso, era más sentida y honesta que nunca.
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Cuando ya estaba arriba de la camioneta, uno de los más ancianos del grupo se acercó a su ventanilla y con ojos llorosos, titubeantes, le remarcó sabiamente:
??Sabe lo que pasa joven, es que los empujan a los muchachos a la clandestinidad. Yo no digo que no haiga de todo en este ambiente...Pero acá; nosotros, somos un ejemplo de respeto por los seres vivientes.
?Se van a reunir calladitos en algún campo particular y ahí todo va a ser más informal?Nadie controlara si esisten malos tratos, apuestas ilegales?En fin, yo no soy dotor ni nada, ¿Vio...?
?Mas el diablo sabe por viejo maj que por diablo...
?Esto termina siendo como las anteojeras que se le ponen a los percherones: limitar su visión para que no los afecten cuestiones del esterior y sigan andando...
?Estará todo bien, porque nada se sabrá...?
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Y así llegamos al momento en que Teodoro leía: ?Se aprobó la ley que prohíbe la carrera de galgos...?.
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