- Pase Usted, diga que le trae por aquí. Dijo el Juez.
- No, es que voy a cobrar, cada mes vengo. Replicó atemorizada.
Manuela se sentía confundida, pues siempre le asustaron las autoridades, y más cuando tenía que enfrentarlas por primera vez. El Doctor Waldito era quien cada mes le atendía y entregaba el cupón ya llenado, sólo para acercarse al Banco de la Nación y hacer efectivo el desembolso, que el padre de su hijo deposita por prestación de alimentos.
- Pase Usted, diga que le trae por aquí. Dijo el Juez.
- No, es que voy a cobrar, cada mes vengo. Replicó atemorizada.
Manuela se sentía confundida, pues siempre le asustaron las autoridades, y más cuando tenía que enfrentarlas por primera vez. El Doctor Waldito era quien cada mes le atendía y entregaba el cupón ya llenado, sólo para acercarse al Banco de la Nación y hacer efectivo el desembolso, que el padre de su hijo deposita por prestación de alimentos.
- A cobrarme? Y yo de que te debo? Intentó el Juez hacerla sonreír, para soltar el tenso ambiente.
- No, no doctor, mi esposo me deja 200 cada mes por eso vengo a recogerlos. Interrumpió apresurada, disculpándose.
En realidad Felipe nunca fue esposo suyo, tuvieron una fugaz convivencia fruto del cual, quedó obligado a depositar doscientos nuevos soles cada mes.
En la mina de Ccatca, donde ahora escarba como topo por treinta diarios, Jacinto cavila. (se imaginan? Cavila, no cava). Una idea le acomoda la cabecera antes de dormir: - Mejor estaría con Manuela, allá en el pueblo. Por la hueva me saco el ancho, para gastarlo en un ratito y en ese agujero de porquería.
Luego, una brisa desaloja la caverna. Felipe sin querer derrama una lágrima, sin detenerse en el fundamento del llanto se limpia mecánicamente la mejilla quemada, (no se da cuenta, ni se imagina siquiera) suspira, deja caer sus hombros rígidos y de repente le invade otra pena. Su madre. Lo asocia todo y decide como todas las noches, - tengo que ir a ver a mi mamá, fijo que está mal.
Virgilio, un angelito, regresa a su cuerpecito otra noche más, desesperanzado se dice: Mañana será, ya entenderá mi padre cuanto me extraña.
//alex
El aire de la mina
Autor: Efraín
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Cuento publicado el 28 de Noviembre de 2008
- No, es que voy a cobrar, cada mes vengo. Replicó atemorizada.
Manuela se sentía confundida, pues siempre le asustaron las autoridades, y más cuando tenía que enfrentarlas por primera vez. El Doctor Waldito era quien cada mes le atendía y entregaba el cupón ya llenado, sólo para acercarse al Banco de la Nación y hacer efectivo el desembolso, que el padre de su hijo deposita por prestación de alimentos.
- No, es que voy a cobrar, cada mes vengo. Replicó atemorizada.
Manuela se sentía confundida, pues siempre le asustaron las autoridades, y más cuando tenía que enfrentarlas por primera vez. El Doctor Waldito era quien cada mes le atendía y entregaba el cupón ya llenado, sólo para acercarse al Banco de la Nación y hacer efectivo el desembolso, que el padre de su hijo deposita por prestación de alimentos.
- A cobrarme? Y yo de que te debo? Intentó el Juez hacerla sonreír, para soltar el tenso ambiente.
- No, no doctor, mi esposo me deja 200 cada mes por eso vengo a recogerlos. Interrumpió apresurada, disculpándose.
En realidad Felipe nunca fue esposo suyo, tuvieron una fugaz convivencia fruto del cual, quedó obligado a depositar doscientos nuevos soles cada mes.
En la mina de Ccatca, donde ahora escarba como topo por treinta diarios, Jacinto cavila. (se imaginan? Cavila, no cava). Una idea le acomoda la cabecera antes de dormir: - Mejor estaría con Manuela, allá en el pueblo. Por la hueva me saco el ancho, para gastarlo en un ratito y en ese agujero de porquería.
Luego, una brisa desaloja la caverna. Felipe sin querer derrama una lágrima, sin detenerse en el fundamento del llanto se limpia mecánicamente la mejilla quemada, (no se da cuenta, ni se imagina siquiera) suspira, deja caer sus hombros rígidos y de repente le invade otra pena. Su madre. Lo asocia todo y decide como todas las noches, - tengo que ir a ver a mi mamá, fijo que está mal.
Virgilio, un angelito, regresa a su cuerpecito otra noche más, desesperanzado se dice: Mañana será, ya entenderá mi padre cuanto me extraña.
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