Estaba yo en aquellos días en los que se pasa en nuestra cabeza toda la vida en un par de minutos. Pensaba en lo que había hecho hasta entonces, y cómo no, en el porvenir, cuando en el justo momento que revisaba mis sueños, los ya cumplidos y los que se van a cumplir, él cruzó ante mi mirada con un paso lento y una mirada vacía. Hacía un frío como aquellos que los dientes no paran de chocarse unos con los otros y sin detenerme le pregunté:
Estaba yo en aquellos días en los que se pasa en nuestra cabeza toda la vida en un par de minutos. Pensaba en lo que había hecho hasta entonces, y cómo no, en el porvenir, cuando en el justo momento que revisaba mis sueños, los ya cumplidos y los que se van a cumplir, él cruzó ante mi mirada con un paso lento y una mirada vacía. Hacía un frío como aquellos que los dientes no paran de chocarse unos con los otros y sin detenerme le pregunté:
_ ¿Cuándo los perdiste?
Sin entender ni una sola vocal, me preguntó:
_ ¿Perdí? ¿De qué me habla señor?
Frente a su mirada cansada y dudosa le contesté:
_ Tus sueños, tus promesas, ¿Por qué estás aquí en la calle?
Me miró por un largo tiempo de 20 segundos y sonrío igual como hace uno cuando no entiende un chiste y enseguida me dijo:
_ ¿Sueños? Solo se sueña cuando se tiene cómo y dónde dormir…
Ventaba mucho y el frío nos cortaba la boca. ¿Cuánto hacía?, qué sé yo, unos 5° grados más o menos. Se vistió nuevamente con la manta que se le caía por el brazo, dio media vuelta y siguió caminando con frío y todavía sin sueños. Me quedé como paralizado viéndole alejarse de mí y entonces yo no tenía más frío. Me quité el jersey negro que llevaba y volví a revisar los míos para que no se perdieran a lo largo de la vida como los suyos ya se habían perdido.
//alex
Sueños Perdidos
Autor: Alejandre Alves
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Cuento publicado el 12 de Mayo de 2011
_ ¿Cuándo los perdiste?
Sin entender ni una sola vocal, me preguntó:
_ ¿Perdí? ¿De qué me habla señor?
Frente a su mirada cansada y dudosa le contesté:
_ Tus sueños, tus promesas, ¿Por qué estás aquí en la calle?
Me miró por un largo tiempo de 20 segundos y sonrío igual como hace uno cuando no entiende un chiste y enseguida me dijo:
_ ¿Sueños? Solo se sueña cuando se tiene cómo y dónde dormir…
Ventaba mucho y el frío nos cortaba la boca. ¿Cuánto hacía?, qué sé yo, unos 5° grados más o menos. Se vistió nuevamente con la manta que se le caía por el brazo, dio media vuelta y siguió caminando con frío y todavía sin sueños. Me quedé como paralizado viéndole alejarse de mí y entonces yo no tenía más frío. Me quité el jersey negro que llevaba y volví a revisar los míos para que no se perdieran a lo largo de la vida como los suyos ya se habían perdido.
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