ALICIA era una chica maravillosa, bastante educada, honesta y de muy buenos modales. Una mañana, cuando se dirigía al museo en el bus del colegio; en una parada momentánea en medio del trayecto, fue interrumpida por un grupo de compañeras que de manera bastante brusca le decían que había un hombre asqueroso que a mediana distancia parecía saludarla de forma efusiva.
Ella miró aterrada, y efectivamente pudo observar a un personaje harapiento, lleno de lodo y despeinado, con las manos llenas de callos y la tez ajada que más bien parecía salido de las mismas entrañas de la tierra. Este hombre continuaba saludándola con un orgullo que nadie entendía. A través del espejo del vehiculo nada podía entendérsele pero todos coincidían en pensar que el afecto que por esta mujer sentía lo hacia ver como un loco necesitado de cariño y por un momento todas sintieron miedo.
Después de unos minutos de insistir por un saludo, un gesto de amistad o una simple mirada que compensara su esfuerzo, el hombre se rindió y vio como el autobús se alejaba, mientras ALICIA les explicaba a sus compañeras que nunca en la vida había visto a este individuo, pues una niña tan inteligente, elegante y educada como ella no podría conocer este tipo de gente.
Al terminar la mañana, la chica se sintió muy mal por dicho acontecimiento y empezó a sentir en su corazón un arrepentimiento tan grande que la obligó a volver hasta el sitio donde se encontraba el mencionado personaje y le pidió perdón de rodillas porque este hombre era nada menos que su padre.
Ella comprendió de inmediato que las personas más importantes de nuestras vidas no siempre son las más bonitas ni las mejores, porque la belleza verdadera es la que florece en medio del corazón, en ese rincón donde nacen los sueños.
Su padre, un humilde campesino que labraba la tierra, trabajando sin descanso para darle todo desde el instante en que su madre los abandonó, cuando ella tenía solo seis meses de edad. Ya acusaba la fatiga del tiempo en su rostro y en su alma, no se preocupaba por él mismo porque su prioridad era la educación y la felicidad de su niña. Obviamente la perdonó por lo sucedido, pues un ser que le ha dado a su hija todo no podría guardar rencor por nada, pero le pidió el favor de valorar las cosas sencillas de la vida, de no avergonzarse de sus orígenes y de no menospreciar a nadie por mas humilde que parezca pues como ya se ha dicho alo largo de las épocas; la belleza esta en los ojos del que quiere verla.
//alex
Cuento publicado el 20 de Diciembre de 2011
Ella miró aterrada, y efectivamente pudo observar a un personaje harapiento, lleno de lodo y despeinado, con las manos llenas de callos y la tez ajada que más bien parecía salido de las mismas entrañas de la tierra. Este hombre continuaba saludándola con un orgullo que nadie entendía. A través del espejo del vehiculo nada podía entendérsele pero todos coincidían en pensar que el afecto que por esta mujer sentía lo hacia ver como un loco necesitado de cariño y por un momento todas sintieron miedo.
Después de unos minutos de insistir por un saludo, un gesto de amistad o una simple mirada que compensara su esfuerzo, el hombre se rindió y vio como el autobús se alejaba, mientras ALICIA les explicaba a sus compañeras que nunca en la vida había visto a este individuo, pues una niña tan inteligente, elegante y educada como ella no podría conocer este tipo de gente.
Al terminar la mañana, la chica se sintió muy mal por dicho acontecimiento y empezó a sentir en su corazón un arrepentimiento tan grande que la obligó a volver hasta el sitio donde se encontraba el mencionado personaje y le pidió perdón de rodillas porque este hombre era nada menos que su padre.
Ella comprendió de inmediato que las personas más importantes de nuestras vidas no siempre son las más bonitas ni las mejores, porque la belleza verdadera es la que florece en medio del corazón, en ese rincón donde nacen los sueños.
Su padre, un humilde campesino que labraba la tierra, trabajando sin descanso para darle todo desde el instante en que su madre los abandonó, cuando ella tenía solo seis meses de edad. Ya acusaba la fatiga del tiempo en su rostro y en su alma, no se preocupaba por él mismo porque su prioridad era la educación y la felicidad de su niña. Obviamente la perdonó por lo sucedido, pues un ser que le ha dado a su hija todo no podría guardar rencor por nada, pero le pidió el favor de valorar las cosas sencillas de la vida, de no avergonzarse de sus orígenes y de no menospreciar a nadie por mas humilde que parezca pues como ya se ha dicho alo largo de las épocas; la belleza esta en los ojos del que quiere verla.
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