Su cuello azucarado se extendió para que él pudiera alcanzarlo, tomarlo, saborearlo, fue bajando por hombros tostados, sus manos permanecían en su cintura, las cuales fueron descubriendo poco a poco su torso, también tostado por el sol del verano, suave como las plumas del cisne. Se mezclaba el aroma de su piel, con el de su perfume, su cabello alborotado los protegía de las miradas ajenas, aferrados, envueltos en el torbellino de un deseo que tendría que esperar para concretarse, fusionados sus labios en un beso eterno, que los transportaba a una utopía donde no había leyes ni policía que pudieran atraparlo, ni menos padres sobreprotectores que pudieran llevársela lejos, donde solo existía esa casa arcaica, en un pueblo lleno de bellezas.
Cuando volvieron en sí, ella respiraba con rapidez, colorada hasta sus pecas, sentía su sangre hecha fuego, corriendo por sus venas.
-Creo que ya pase muchas rayas…-
-No hay ninguna raya entre nosotros…ninguna…
//alex
Azúcar Quemada
Autor: Natalia Alarcon
(3.78/5)
(34 puntos / 9 votos)
Cuento publicado el 06 de Junio de 2015
Cuando volvieron en sí, ella respiraba con rapidez, colorada hasta sus pecas, sentía su sangre hecha fuego, corriendo por sus venas.
-Creo que ya pase muchas rayas…-
-No hay ninguna raya entre nosotros…ninguna…
Otros cuentos románticos que seguro que te gustan:
- Minutos que parecen horas
- Ella... Mi Universo
- El amor bajo la lluvia
- La primer cita ...
- Despertar
¿Te ha gustado este cuento? Deja tu comentario más abajo
(Nota: Para poder dejar tu comentario debes estar registrado.Todavía no lo estás? Hazlo en un minuto aquí)
Últimos comentarios sobre este cuento