En una noche cerrada a las tres de la mañana la sensación de que algo afuera me esperaba me despertó de repente. Sin pensarlo demasiado me vestí y salí a mirar la luna, el cielo estrellado… tratando de escuchar en el silencio…
Lo sentía más fuerte… pero qué era?...
Agarré algo de plata, las llaves de mi moto y salí.
La calle estaba desierta, apuré la marcha y en menos de una hora me encontré en el boliche de moda en ese entonces.
La música empezó a sonar en mi cabeza como tambores, me acerqué a la barra y pedí lo más fuerte que tenían, baile para cansar mi cuerpo y volar mi espíritu necesitaba abandonarme por una noche.
Encontré a Lucia una joven sin pudor que me venia acechando hace tiempo y decidí dejarme conquistar por sus curvas que tantas miradas atraían. Cuando salíamos de aquel lugar nos chocamos con Paco un conocido de mala noche. Después de pensarlo un segundo arreglamos para ir a su casa en las afueras de la ciudad. Continuamos bebiendo y bailando con nuestras mujeres mientras en la mesa del living a la orden del día había miles de cosas por probar… aunque yo siempre me quedé con la misma era divertido ver tanto consumo.
La casa era enorme así que dejé a Lucia para buscar alguna habitación adecuada para darle lo que venia buscando conmigo. En uno de los pasillos encontré por fin las habitaciones pero antes de entrar a una de ellas algo me llamó la atención, era un sonido raro, imperceptible. Me quedé quieto tratando de agudizar mis oídos y este se volvió a repetir, era como un quejido bien leve. Escuché largo rato hasta que empecé a recorrer las puertas restantes para ver a qué se debía, la curiosidad me había atrapado.
Al final del pasillo descubrí una puerta cerrada con llave, pegué el oído a ver qué escuchaba y el quejido se repitió. Fue como un llanto muy suave como de un gatito aunque muy bien se sabía que Paco odiaba a los animales.
Era un tipo extraño, frecuentaba los lugares donde el comercio de cocaína y otras sustancias era moneda corriente. Dueño de una gran empresa constructora heredada de generación en generación que a partir de él había sufrido una terrible crisis económica pero que todavía se mantenía en pie.
Si bien nadie podría considerarlo un amigo contar con su compañía significaba fiesta asegurada así que era muy popular.
El sonido de mi teléfono celular me despertó de aquellos pensamientos era un mensaje de Lucia recomendándome que volviera pronto…
Si bien en un principio esa fue mi idea me quedé clavado delante de aquella puerta tratando de abrirla hasta que escuché pasos que se acercaban. Me escondí detrás de la puerta más cercana y por fin pude verla, era una enfermera?... que demonios veía?... esperé a que cerrara la puerta y me acerqué a escuchar. A los pocos segundos la mujer molesta habló en voz alta a una segunda persona: -¿qué le hiciste?... mierda! – Los pasos otra vez y yo corrí a esconderme nuevamente.
Cuando estuve seguro de que se había alejado intenté abrir la puerta por segunda vez y después de unos intentos cedió. Aquella primera imagen quedó grabada en mi mente desde entonces razón por la cual duermo lo menos posible.
Primeramente el olor a medicamentos y excrementos humanos invadía toda la habitación, no tenia demasiados muebles solo una cama matrimonial ya raída y con un colchón casi inexistente sobre ella. Acostados había dos ancianos encadenados a la cama, la mujer lloraba imperceptiblemente sin poder moverse y el hombre además de estar extremadamente desnutrido igual que la mujer a su lado presentaba el color de la muerte. Mi mente no daba crédito a lo que veía, me quedé estancado en aquél piso mugriento mirando aquellos cuerpos débiles ya sin forma humana.
Cuando pude despertar, lograr lucidez y darme cuenta de que en cualquier momento esa enfermera volvería salí corriendo de la habitación. Estaba asustado y no sabía que hacer. Aquellas personas ahí postradas eran los padres de Paco, los que todo el mundo inclusive yo creíamos viviendo en el exterior… cómo podía…
Mi móvil volvió a sonar y decidí volver al living para no levantar sospechas ni siquiera sabía lo que tenía que hacer en aquella situación.
Paco y las mujeres se estaban divirtiendo de maravilla sin mí, los gemidos se escuchaban antes de llegar. Sin pensar en nada como si fuera un autómata fui hasta un estudio que estaba contiguo al living y busqué en el cajón derecho del escritorio esa arma calibre 32 que bien sabía que tenía “escondida”. Estaba cargada y lista para usar, si bien nunca había disparado contra alguien había tomado algunas clases de tiro en mi juventud que realmente sirvieron. La bala fue directo a su cabeza y eso es lo último que recuerdo de esa noche.
Hace diez años que cumplo mi condena por homicidio, los mismos años que hace que murió Paco y su padre. Dicen que derramar sangre es un delito y hay que pagar por ello como lo estoy haciendo yo pero siento que no hay sangre derramada más justa que esa y no me arrepiento en lo absoluto.
Si bien maté a una persona estoy tranquilo sabiendo que vengué la muerte de José Contreras y le salve la vida a su esposa Paloma quien después de recuperarse y hasta su último suspiro atendió mis necesidades como una madre. Se lo agradezco…
Si bien la justicia me dio 25 años de cárcel dejo expreso que yo decido darme solo estos diez años, suficientes para pagar por una vida inservible como fue la de Paco.
Cuando encuentren este texto me van a encontrar encerrado en la lavandería colgado de una de las vigas, deseo que mis cenizas sean entregadas a mis padres Anabella Céspedes y Julio Fernández y les pido expresamente perdón por todo el dolor que les eh causado en esta vida. Estoy seguro que ahora que conocen la historia completa sabrán comprenderme. Dios sabe que los amo al igual que a mis hermanos Darío y Joaquín a quienes espero que la vida les prepare toda la dicha que se merecen…
//alex
Destino
Autor: Emme
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Cuento publicado el 12 de Abril de 2013
Lo sentía más fuerte… pero qué era?...
Agarré algo de plata, las llaves de mi moto y salí.
La calle estaba desierta, apuré la marcha y en menos de una hora me encontré en el boliche de moda en ese entonces.
La música empezó a sonar en mi cabeza como tambores, me acerqué a la barra y pedí lo más fuerte que tenían, baile para cansar mi cuerpo y volar mi espíritu necesitaba abandonarme por una noche.
Encontré a Lucia una joven sin pudor que me venia acechando hace tiempo y decidí dejarme conquistar por sus curvas que tantas miradas atraían. Cuando salíamos de aquel lugar nos chocamos con Paco un conocido de mala noche. Después de pensarlo un segundo arreglamos para ir a su casa en las afueras de la ciudad. Continuamos bebiendo y bailando con nuestras mujeres mientras en la mesa del living a la orden del día había miles de cosas por probar… aunque yo siempre me quedé con la misma era divertido ver tanto consumo.
La casa era enorme así que dejé a Lucia para buscar alguna habitación adecuada para darle lo que venia buscando conmigo. En uno de los pasillos encontré por fin las habitaciones pero antes de entrar a una de ellas algo me llamó la atención, era un sonido raro, imperceptible. Me quedé quieto tratando de agudizar mis oídos y este se volvió a repetir, era como un quejido bien leve. Escuché largo rato hasta que empecé a recorrer las puertas restantes para ver a qué se debía, la curiosidad me había atrapado.
Al final del pasillo descubrí una puerta cerrada con llave, pegué el oído a ver qué escuchaba y el quejido se repitió. Fue como un llanto muy suave como de un gatito aunque muy bien se sabía que Paco odiaba a los animales.
Era un tipo extraño, frecuentaba los lugares donde el comercio de cocaína y otras sustancias era moneda corriente. Dueño de una gran empresa constructora heredada de generación en generación que a partir de él había sufrido una terrible crisis económica pero que todavía se mantenía en pie.
Si bien nadie podría considerarlo un amigo contar con su compañía significaba fiesta asegurada así que era muy popular.
El sonido de mi teléfono celular me despertó de aquellos pensamientos era un mensaje de Lucia recomendándome que volviera pronto…
Si bien en un principio esa fue mi idea me quedé clavado delante de aquella puerta tratando de abrirla hasta que escuché pasos que se acercaban. Me escondí detrás de la puerta más cercana y por fin pude verla, era una enfermera?... que demonios veía?... esperé a que cerrara la puerta y me acerqué a escuchar. A los pocos segundos la mujer molesta habló en voz alta a una segunda persona: -¿qué le hiciste?... mierda! – Los pasos otra vez y yo corrí a esconderme nuevamente.
Cuando estuve seguro de que se había alejado intenté abrir la puerta por segunda vez y después de unos intentos cedió. Aquella primera imagen quedó grabada en mi mente desde entonces razón por la cual duermo lo menos posible.
Primeramente el olor a medicamentos y excrementos humanos invadía toda la habitación, no tenia demasiados muebles solo una cama matrimonial ya raída y con un colchón casi inexistente sobre ella. Acostados había dos ancianos encadenados a la cama, la mujer lloraba imperceptiblemente sin poder moverse y el hombre además de estar extremadamente desnutrido igual que la mujer a su lado presentaba el color de la muerte. Mi mente no daba crédito a lo que veía, me quedé estancado en aquél piso mugriento mirando aquellos cuerpos débiles ya sin forma humana.
Cuando pude despertar, lograr lucidez y darme cuenta de que en cualquier momento esa enfermera volvería salí corriendo de la habitación. Estaba asustado y no sabía que hacer. Aquellas personas ahí postradas eran los padres de Paco, los que todo el mundo inclusive yo creíamos viviendo en el exterior… cómo podía…
Mi móvil volvió a sonar y decidí volver al living para no levantar sospechas ni siquiera sabía lo que tenía que hacer en aquella situación.
Paco y las mujeres se estaban divirtiendo de maravilla sin mí, los gemidos se escuchaban antes de llegar. Sin pensar en nada como si fuera un autómata fui hasta un estudio que estaba contiguo al living y busqué en el cajón derecho del escritorio esa arma calibre 32 que bien sabía que tenía “escondida”. Estaba cargada y lista para usar, si bien nunca había disparado contra alguien había tomado algunas clases de tiro en mi juventud que realmente sirvieron. La bala fue directo a su cabeza y eso es lo último que recuerdo de esa noche.
Hace diez años que cumplo mi condena por homicidio, los mismos años que hace que murió Paco y su padre. Dicen que derramar sangre es un delito y hay que pagar por ello como lo estoy haciendo yo pero siento que no hay sangre derramada más justa que esa y no me arrepiento en lo absoluto.
Si bien maté a una persona estoy tranquilo sabiendo que vengué la muerte de José Contreras y le salve la vida a su esposa Paloma quien después de recuperarse y hasta su último suspiro atendió mis necesidades como una madre. Se lo agradezco…
Si bien la justicia me dio 25 años de cárcel dejo expreso que yo decido darme solo estos diez años, suficientes para pagar por una vida inservible como fue la de Paco.
Cuando encuentren este texto me van a encontrar encerrado en la lavandería colgado de una de las vigas, deseo que mis cenizas sean entregadas a mis padres Anabella Céspedes y Julio Fernández y les pido expresamente perdón por todo el dolor que les eh causado en esta vida. Estoy seguro que ahora que conocen la historia completa sabrán comprenderme. Dios sabe que los amo al igual que a mis hermanos Darío y Joaquín a quienes espero que la vida les prepare toda la dicha que se merecen…
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