Apretó el paso buscando el refugio de su casa cuando el hombre se asomó a la ventana. Aquietó la marcha ante la intensidad de la mirada y se detuvo estrechando el cuello del abrigo contra su garganta. La actitud insolente despertó su enojo y desafió con la vista al individuo. Su cerebro, entumecido por el frío, le envió una señal que la arrancó de la inmovilidad. Esa ventana daba al vacío. Cientos de veces pasaba por delante de la casa preguntándose qué propósito tenía esa abertura. Mientras la puerta de su casa parecía alejarse en la distancia, descifró el gesto siniestro del hombre asomado a una ventana sin sustento.
//alex
Cuento publicado el 29 de Abril de 2010
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